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El coronavirus está presente en el aire, hay demasiada insistencia en las superficies

El contagio del coronavirus a través de las superficies es poco frecuente. La Organización Mundial de la Salud y las agencias nacionales de salud pública deben aclarar sus consejos.

El metro de la Ciudad de México | Getty Images

Transcurrido un año de la pandemia, las pruebas son claras. El coronavirus SARS-CoV-2 se transmite predominantemente por el aire: las personas hablan y exhalan grandes gotas y pequeñas partículas llamadas Aerosoles. El contagio del virus a través de las superficies -aunque plausible- parece ser raro (E. Goldman Lancet Infect. Dis. 20, 892-893; 2020).

A pesar de ello, algunos organismos de salud pública siguen insistiendo en que las superficies suponen una amenaza y deben desinfectarse con frecuencia. El resultado es un mensaje público confuso en un momento en el que se necesita una orientación clara sobre cómo priorizar los esfuerzos para evitar la propagación del virus.

Transcurrido un año de la pandemia, las pruebas son claras. El coronavirus SARS-CoV-2 se transmite predominantemente por el aire: las personas hablan y exhalan grandes gotas y pequeñas partículas llamadas Aerosoles. El contagio del virus a través de las superficies -aunque plausible- parece ser raro (E. Goldman Lancet Infect. Dis. 20, 892-893; 2020).



A pesar de ello, algunos organismos de salud pública siguen insistiendo en que las superficies suponen una amenaza y deben desinfectarse con frecuencia. El resultado es un mensaje público confuso en un momento en el que se necesita una orientación clara sobre cómo priorizar los esfuerzos para evitar la propagación del virus.

En su más reciente directiva pública, actualizada el pasado mes de octubre, la Organización Mundial de la Salud (OMS) aconsejaba: “Evitar tocar superficies, especialmente en entornos públicos, porque alguien con COVID-19 podría haberlas tocado antes. Limpiar las superficies regularmente con desinfectantes estándar”. Un representante de la OMS declaró en enero que hay pocas pruebas de que el coronavirus se transmita a través de superficies contaminadas, conocidas como fómites. Pero añadieron que los fómites siguen considerándose un posible modo de transmisión, citando pruebas de que se ha identificado ARN de SARS-CoV-2 “en las proximidades de personas infectadas con SARS-CoV-2”. Y aunque los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos afirman en su página web que la transmisión por superficie “no se considera una forma común de propagación del COVID-19”, también dicen que “es importante la desinfección frecuente de las superficies y los objetos que tocan varias personas”.

Esta falta de claridad sobre los riesgos de los fómites -en comparación con el riesgo mucho mayor que supone la transmisión por el aire- tiene graves implicaciones. Las personas y las organizaciones siguen dando prioridad a los costosos esfuerzos de desinfección, cuando podrían dedicar más recursos a destacar la importancia de las mascarillas y a investigar medidas para mejorar la ventilación. Esto último será más complejo, pero podría marcar la diferencia.



La Autoridad Metropolitana de Tránsito de la ciudad de Nueva York calcula que sus costes anuales de saneamiento relacionados con el COVID serán de cerca de 380 millones de dólares de aquí a 2023. A finales del año pasado, la autoridad pidió consejo al gobierno federal de EE.UU. sobre si debía centrarse únicamente en los aerosoles. Se le dijo que se concentrara también en los fómites, y hasta ahora ha destinado más recursos a la limpieza de superficies que a la lucha contra los aerosoles. Lo mismo ha sucedido en la Ciudad de México.

Ahora que se ha acordado que el virus se transmite por el aire, tanto en gotas grandes como pequeñas, los esfuerzos para prevenir la propagación deben centrarse en mejorar la ventilación o en instalar purificadores de aire rigurosamente probados. También hay que recordar a la gente que debe llevar mascarillas y mantener una distancia de seguridad. Al mismo tiempo, organismos como la OMS deben actualizar sus orientaciones sobre la base de los conocimientos actuales. La investigación sobre el virus y sobre el COVID-19 avanza rápidamente, por lo que los organismos de salud pública tienen la responsabilidad de presentar una información clara y actualizada que proporcione lo que la gente necesita para mantenerse a salvo y proteger a los demás.