Gentrificación y desplazamiento climático: un binomio de desigualdad

La ONU alertó que a principio de 2022, los efectos climáticos agravarían la crisis mundial que mantiene a 95 millones de personas en condición de desplazamiento forzado

A las 95 millones de personas en condición de desplazamiento forzado se suma el fenómeno de la movilidad regional de ciudadanos primermundistas a ciudades con clima más favorable, y ciertamente “económicas”, provocando una gentrificación y acrecentando las brechas de desigualdad.

En los últimos años diversos gobiernos han quedado cautivados por el enorme capital que pueden captar por dar cobijo a “migrantes digitales”, o personas que buscan descanso tras su retiro, dejando las políticas ambientales y de inclusión social. Acapulco, Cancún, Tulum, San Miguel de Allende, Tijuana y Ciudad de México han incrementado costos en zonas específicas en el sector inmobiliario, cultural, alimentario y de servicios, elevando las condiciones de vida, y teniendo un impacto directo en la infraestructura regional, para bien, es cierto, pero dejando fuera a los habitantes locales que no pueden competir con un tipo de cambio que supera la moneda local. 

Este fenómeno no es exclusivo del país ni de economías emergentes, Italia, España, Portugal, y diversos estados de EE.UU., países de Asia y Oriente Medio también son testigos de movilidad relacionada con las condiciones climáticas. Y al igual que México, han anunciado que ciertas zonas o ciudades están abiertas a recibir turismo o residencia para extranjeros, y que ciertamente atraen mano de obra barata de países vecinos, como es el caso de Los Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Arabia Saudita, que han levantado ciudades en poco tiempo con capital humano de países vecinos. A la par, el norte de África sufre éxodos relacionados con la falta de agua, la inexistencia de condiciones que permitan la siembra, la guerra por territorios fértiles y otros fenómenos sociales que el calentamiento global agravó. En Brasil, 656 mil personas se desplazaron por las intensas lluvias e inundaciones en 2021. Es decir, el mundo entero sufre migración a todas las escalas sociales producto del cambio en las condiciones que hasta ahora, habían sido “estables”. 

El término “gentrificación climática” fue acuñado por los investigadores Jesse Keenan, Thomas Hill y Anurag Gumber, en un estudio que revela los cambios poblacionales frente a las inundaciones en Miami. Las casas cuestan más, donde es más seguro o se deteriora menos el ambiente. Esto sin importar si antes eran barrios pobres, viejos o abandonados.

Metrópolis fuertemente pobladas como Nueva York, Tokio, Londres, Shanghai y Hong Kong, construidas sobre vastos yacimientos fluviales sufrirán directamente el aumento en el nivel del mar, provocando inevitablemente nuevos centros urbanos, o la repoblación de ellos.

El binomio de gentrificación y migración forzada tiene en común la distribución desigual de la riqueza y una dinámica económica excluyente.

Mientras tanto, gran parte de la solución está relacionada con las grandes corporaciones y gobiernos. Tomemos el ejemplo marítimo para ilustrar la complejidad del problema: un estudio de la Federación Europea de Transporte y Medioambiente indicó que los buques -cuando llegan a puerto- generan altos  niveles de óxidos de azufre, liberando anualmente  62 mil toneladas de óxidos de azufre a la atmósfera anualmente y contaminando cinco veces más que los vehículos de la península. El director de la empresa productora de contenedores marítimos y logística PROGECO VIGO, Francisco Fernández, estima que en el primer trimestre del 2022 habían en circulación 6 mil 361 buques activos en el mundo. 

Los cruceros son la opción turística más contaminante, con una huella de carbono superior incluso a los viajes aéreos y con un consumo de energía 12 veces mayor que un hotel (por noche); sin contar el ruido y otras formas de contaminación.

En 2022 la industria generó ganancias por más de 150 millones de euros, y -como sucede comúnmente- está dominada por un grupo reducido de empresarios. Todas las empresas han sido multadas según organizaciones ambientales, y están adscritas a los Acuerdos de París 2015, aún lejos de los objetivos (como muchos gobiernos).

Mientras tanto el planeta se calienta y en el mediterraneo miles de africanos intentan cruzar hacia Europa, por medios paralelos a la industria, ya que no pueden pagarla. Esto representa una de las grandes crisis de derechos humanos que está sucediendo en este momento. Hasta ahora las sanciones a los consorcios marítimos son pocas en proporción a la huella de carbono de una industria que contamina el mar, productor del 70 % del oxígeno de la tierra. El sistema de consumo continúa creciendo; el turismo y el transporte de materias primas aumenta a la par de la exigencia del mercado. Esta industria está fuera del alcance de miles de ciudadanos que no pueden hacer nada más que migrar. La moda y la tecnología, por ejemplo, producen principalmente productos en países subdesarrollados que se consumirán en las potencias económicas y volverán en forma de desechos en una espiral creciente.

En México, a la migración por violencia y falta de oportunidades se suma el desplazamiento de vivienda por altos precios. La Ciudad de México es la entidad con menos agua Per Cápita del país, lo que ennegrece el panorama. Tras la COP 26, sabemos que las ciudades del futuro serán las que sean capaces de sostenerse y sean más amigables con el medio ambiente. Algo que sin duda abre aún más las brechas de desigualdad, para más del 99 % de la población mundial.