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Corte de caja al Gobierno de López Obrador: aciertos y desafíos

Durante el camino andado, México ha sufrido transformaciones profundas que conviene mirar. Lo que no se nombra, no existe

A cinco años de iniciado el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador y a uno de su salida del Palacio Nacional, el momento invita a reflexionar. Durante el camino andado, México ha sufrido transformaciones profundas: aciertos y traspiés que conviene mirar. Lo que no se nombra, no existe.

La reducción de la pobreza, de la desigualdad y de la brecha de desarrollo regional son las bases del legado de López Obrador. Estos fundamentos respaldan su lema de inspiración peronista enunciado ad nauseam: “Por el bien de todos, primero los pobres”. Estos avances tienen su origen en las reformas laborales, inversiones clave en infraestructura y programas sociales. Gracias a ello 5,4 millones de personas salieron de la pobreza entre 2016 y 2022.

Respecto a las reformas laborales, resaltan dos puntos. Primero, el notable aumento del salario mínimo en un 135%, lo que mejoró el poder adquisitivo de los hogares y desafió lo que economistas y gobiernos anteriores presentaban como una verdad de perogrullo: elevar el salario mínimo provocaría una inflación descontrolada. Segundo, se eliminó la práctica de la subcontratación, permitiendo a los trabajadores participar de manera efectiva en las ganancias de sus empleadores. La conocida PTU. La reforma incrementó los pagos a los trabajadores en un 109%, y en algunos casos duplicó sus ingresos.

Es posible que el impulso del Gobierno para aumentar los salarios de los trabajadores haya tenido un efecto similar a una reforma fiscal. En suplencia, fue la acción directa de los empleadores la que logró redistribuir la riqueza al elevar los salarios. La reforma fiscal sigue pendiente, una que se ocupe de gravar la riqueza y el capital en lugar de los ingresos laborales. Principio del formulario.

La inversión en infraestructura en el sureste, con proyectos como el Tren Maya, la refinería de Dos Bocas, el Corredor Interoceánico y el aeropuerto de Tulum, ha traído avances significativos. Parece inaudito, pero Oaxaca, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo fueron un punto ciego para administraciones pasadas. Hoy, el Gobierno les presta atención. Estas obras han dinamizado la economía generando empleos, inversiones y desarrollo palpables. Así, por ejemplo, el ingreso promedio de los Estados del sureste aumentó alrededor de un 20% entre 2018 y 2022. Oaxaca y Tabasco, dos de los estados más pobres del país, fueron los que más crecieron en 2022. La política industrial implementada trajo resultados.

Durante esta Administración, los programas sociales también cambiaron, transformando su concepto y enfoque. Se eliminaron los programas de impacto limitado y se combinaron los universales, como la pensión para adultos mayores, con otros focalizados, como Sembrando Vida que busca sembrar más de un millón de hectáreas y las becas Benito Juárez de educación básica para menores de 18 años de bajos ingresos. Un aspecto clave es que estos programas se volvieron más eficientes al eliminar intermediarios, siendo menos susceptibles a uso político. Además, se reconoció que todos los mexicanos tienen derecho a participar de la riqueza nacional y que el Estado debe garantizar su reparto. Este cambio se consagró en la Constitución en 2020, reforzando su importancia y dejando claro que los programas sociales son un derecho, no una dádiva.

Lo más notable de los logros resaltados es el contexto en el cual se obtuvieron: en medio de una pandemia global, sin aumentar la deuda nacional y sin necesidad de una reforma fiscal. En su lugar, se priorizó la mejora de la recaudación y el estímulo al crecimiento económico sostenible. Las cuentas nacionales están sanas. Los resultados económicos hasta la ENIGH 2022 son buenos, pero, sobre todo, prometedores. El sistema funciona y, aunque debemos esperar los resultados de la ENIGH 2024 para evaluar el presente y el próximo año de administración, todo sugiere que veremos mejoras notables.

Evaluar implica destacar lo bueno y lo problemático; la luz y la sombra. En ese sentido, esta Administración —a poco de concluir— conserva promesas pendientes en materia de verdad, justicia, educación, pero especialmente en materia de salud y seguridad. Tales aspectos se revelan como los puntos más frágiles en el edificio de este Gobierno.

En el ámbito de la salud, hubo una problemática transformación en el país para brindar atención médica a quienes no tenían acceso. Se pasó del Seguro Popular al INSABI y luego al IMSS Bienestar. Aunque el Seguro Popular tenía problemas, funcionaba. Su eliminación repentina y la transición apresurada al INSABI resultaron desastrosas. En 2022, alrededor de 50 millones de personas no tenían o no conocían su afiliación a los servicios de salud. Este déficit matiza los avances logrados en reducción de pobreza y desigualdad.

En seguridad, las cosas no están mejorando y es el tema más preocupante de esta Administración. Aunque López Obrador recibió el país en una situación crítica en 2018 y logró detener el aumento de homicidios, el número sigue siendo alarmante. El año pasado cerró con 32.223, equivalente a 88 personas al día. La estrategia para abordar las causas de la inseguridad en la que el presidente confiaba no tuvo éxito. A pesar de los esfuerzos, el presidente dejará al país en una situación de violencia mayor a la que heredó.

El legado de esta Administración será debatido en los años venideros. Hoy, su éxito se refleja en logros concretos y en la notable aprobación del presidente y su gestión por gran parte de la población. Incluso, esta aceptación ha llevado a los opositores a adoptar políticas más progresistas en lugar de sus enfoques tradicionales. En resumen, los resultados positivos del Gobierno de López Obrador han desplazado el panorama político hacia la izquierda. Los discursos previamente dominantes, orientados hacia la derecha, han perdido terreno frente al enfoque en políticas que buscan la justicia social.

Un año antes de su retiro de la política mexicana, López Obrador ya ha demostrado la viabilidad de implementar medidas económicas y sociales que beneficien a la mayoría, incluso contribuyendo a reconfigurar las tendencias políticas tradicionales que pensábamos inmutables.