Crear confianza en las instituciones es imprescindible para el crecimiento económico de América Latina

Agobiada por la inflación, el impacto de la invasión rusa de Ucrania y las secuelas de la pandemia, la región de América Latina y el Caribe se encuentra en un momento crítico.

Si no se llevan a cabo reformas, podría volver a la deslucida tasa de crecimiento anterior a la pandemia, de alrededor del 2,5%, con mayor pobreza, desigualdad y polarización política. Sin embargo, los críticos que culpan a los gobiernos por las políticas que exacerban las desigualdades y ahogan la inversión pasan por alto una consideración vital: la falta de confianza entre los ciudadanos de la región. Los gobiernos que se centran en crear confianza pueden mejorar las probabilidades de éxito de las reformas.

Con algunas excepciones, la confianza está cayendo en todas partes. En todo el mundo, entre 1985 y 2020, los que creen que se puede confiar en la mayoría de las personas cayeron del 38 al 26%, según la Encuesta Integrada de Valores. Nuestra investigación indica que América Latina y el Caribe está en una liga propia. Sólo una de cada 10 personas de esta región confía en sus conciudadanos. Menos de uno de cada tres confía en su gobierno.

Cuando dirigía el organismo regulador de la banca en Chile, experimenté lo difícil que es crear confianza y lo rápido que se puede perder. En 2015, la autoridad de la competencia descubrió un escándalo de fijación de precios entre dos de las mayores papeleras del país. Hice sonar la alarma de que era necesario actuar para restablecer la confianza y detener el posible contagio a un banco con los mismos accionistas que una de las empresas coludidas.

Aislamos nuestro sistema bancario de cualquier consecuencia, pero este escándalo, entre otros, alimentó la ira y la frustración que muchos ciudadanos sentían hacia los privilegiados y poderosos. Fue uno de los varios detonantes de las protestas que sacudirían a Chile posteriormente.

Los efectos de la desconfianza son generalizados. La reticencia a pagar impuestos hace que la recaudación fiscal de la región sea unos 13 puntos porcentuales del PIB inferior a la de los países de la OCDE. La economía sumergida es mayor en casi 20 puntos porcentuales del PIB. Los individuos y las empresas no confían en que otros paguen sus impuestos, privando a los gobiernos de fondos muy necesarios.

La informalidad es mayor cuando las empresas y los trabajadores no creen que los demás cumplan la normativa gubernamental. En consecuencia, casi el 60% de los trabajadores de la región trabajan en empresas informales, que son menos productivas y ofrecen menos beneficios a los empleados. Nuestras encuestas revelan que muchos propietarios de empresas no confían en los demás. Prefieren contratar a miembros de la familia y tienen dificultades para hacer crecer sus negocios.

La desconfianza distorsiona lo que los ciudadanos quieren del gobierno. La mayoría cree que no se puede confiar en que los funcionarios públicos inviertan eficazmente en el interés público. Los escándalos de corrupción aumentan el escepticismo. La gente prefiere los programas que proporcionan dinero en mano ahora, como las transferencias de efectivo y los subsidios. En consecuencia, los gobiernos tienen problemas con las políticas a largo plazo que impulsan el crecimiento, como las reformas fiscales, laborales y de las pensiones, el apoyo a la investigación y el desarrollo, la apertura al comercio y el gasto en infraestructuras.

¿Qué se puede hacer? Los gobiernos pueden ayudar a los ciudadanos a estar más informados. Pueden realizar una búsqueda más fácil sobre sus decisiones fiscales y de gasto, y sobre quién paga los impuestos. Pueden ser más transparentes sobre cómo regulan y cómo la regulación afecta al bienestar de los ciudadanos. También pueden empoderar a la gente reforzando las instituciones públicas, como los tribunales, la policía y la agencia antimonopolio.

Por ejemplo, la transparencia presupuestaria -mínima en muchos Estados de América Latina y el Caribe- puede informar a los ciudadanos sobre cómo se utilizan los impuestos que tanto les ha costado ganar. Resulta alentador que Argentina, Colombia, Barbados y otros nueve países de la región hayan creado o estén creando plataformas electrónicas para ayudar a los ciudadanos a supervisar los proyectos de infraestructuras. Esto sirve para mejorar la eficiencia del gasto.

Los gobiernos deben disipar las ideas erróneas que prosperan en un vacío de información y llenarlo con hechos precisos y verificables. La ciudad de Buenos Aires publicó decenas de objetivos en su página web, desde la instalación de cámaras de seguridad en las calles hasta la mejora de las infraestructuras para las personas con discapacidad y la ayuda para que puedan seguir los progresos. Programas como éste pueden fomentar la confianza en el gobierno.

La solución al bajo crecimiento, la desigualdad y el debilitamiento del apoyo a la democracia es realizar la confianza como un objetivo explícito de las políticas públicas. La recompensa potencial es un mayor apoyo público a las reformas. Se trata de algo más que sacar a la gente de la economía informal y conectarla con la global. Se trata de dar a la región la oportunidad de dar rienda suelta al espíritu empresarial de sus habitantes, poniéndola en la senda de una mayor productividad y un crecimiento inclusivo.