El “Hoy no circula” no está evitando la contaminación del aire

Las continuas contingencias ambientales en la urbe más grande de latinoamérica preocupan a los expertos, que exigen nuevas medidas y una mejor comunicación política de las restricciones

Las consecuencias de la contaminación del aire en el Valle de México son graves. Gargantas secas, congestiones, problemas respiratorios. Las enfermedades crónicas se agudizan. Mayor mortalidad. Van nueve contingencias ambientales este 2024, espoleadas por las olas de calor cada vez más frecuentes que favorecen la mala calidad del aire.

Los expertos afirman que las restricciones más importantes para evitar la polución ya se aplican. La principal es reducir la circulación de vehículos, los principales emisores de contaminantes. Una limitación que las personas que tienen que ir a trabajar o llevar a los niños a la escuela ven con malos ojos. “La gente ve que hay imposiciones por parte del Gobierno que no le representan una ventaja, cuando se está protegiendo la salud”, explica la doctora del departamento de Ciencias Atmosféricas de la UNAM, Graciela Binimelis.

Estas restricciones cada vez tienen un efecto más limitado. Lo demostró la contingencia ambiental activada el pasado lunes 13 de mayo. Los dos días posteriores las cifras de ozono ascendieron a pesar de la prohibición a la circulación de vehículos por número de placas. La alerta duró tres días y dos horas, la más larga de los últimos cinco años. Un día despúes volvió a activarse.

Las próximas administraciones públicas que salgan elegidas el 2 de junio tienen un reto gigantesco para reducir la contaminación atmosférica, según los expertos que estudian la calidad del aire. La misión es evitar que más de 6,4 millones de coches salgan cada día a las calles del Valle de México, los cuales emiten el 84% del óxido de nitrógeno y el 26% de los compuestos orgánicos volátiles, los principales precursores del ozono.

Los especialistas en ciencias atmosféricas insisten en que los gobiernos de todos los niveles deben impulsar una mejora del transporte público en la megaurbe, endurecer la legislación sobre los emisores de contaminantes, ampliar las redes de medición de la calidad del aire y buscar un discurso que explique a la población que las medidas se toman para evitar problemas de salud. Los datos también lo creen: este 2024 el Valle de México solo ha tenido aire limpio uno de cada siete días de la semana.

‘Hoy no circula’ insuficiente

La restricción vehicular conocida como Hoy no circula, vigente en la capital y 18 municipios conurbados del Estado de México desde 1984, se ha endurecido cada vez más y es doble los días de mala calidad del aire. Y aun así, las contingencias ambientales cada vez son más comunes. En parte porque en 2016 la Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAMe) descendió los límites para decretar la Fase I de la alerta de 185 partes por billón (ppb) de concentración de ozono en el aire a 155 ppb, el umbral actual.

Las restricciones vehiculares han perdido fuerza para reducir la contaminación por el cambio climático. “Sabíamos que este año iba a pasar. Se está retirando El Niño, hay más incendios, hay más días con calor, el pronóstico estacional de mayo a junio está más caluroso de lo normal, también más seco”, explica Vilichelis. Los sistemas de alta presión que traen estabilidad, calor y falta de viento provocan que los contaminantes no se dispersen y favorecen la creación de ozono.

El programa Hoy no circula poco más puede hacer. “Se han tomado las decisiones más fáciles, que costaron mucho, porque hay oposición por parte de la población a las restricciones vehiculares”, recalca Benimelis. Entonces, ¿qué decisiones le quedan por tomar a los gobiernos en este sentido? “La movilidad del Estado de México a la capital hay que abordarla seriamente. La gente tiene que seguir viniendo a la Ciudad de México a trabajar desde los municipios colindantes”, explica la experta en ciencias atmosféricas.

La encuesta Origen y Destino, la última a gran escala sobre la movilidad en la capital y los municipios conurbados del Estado de México, hecha en 2017, estimaba que en la zona metropolitana se hacían más 6,6 millones de viajes en coche. De ellos, seis de cada diez los hacía una sola persona dentro del auto. En el Estado de México la gente que va en transporte público hace una media de dos horas diaria. “La inversión en transporte público es difícil de hacer y entonces tiene poca prioridad entre las propuestas de los candidatos”, explica la experta.

Un transporte público eficiente limitaría las grandes emisiones de los vehículos privados. Y podría evitar que mucha gente se enfade con las restricciones que no le permiten tomar el coche para ir a trabajar. “Es un problema mayúsculo, porque la gente lo ve como una imposición y no como una protección a su salud”, sentencia Benimelis.

Nuevas regulaciones

El doctor del grupo de Fisicoquímica de la Atmósfera de la UNAM, Luis Gerardo Ruiz, ve un futuro negro por la polución. “Las olas de calor van a ser más frecuentes, van a durar más tiempo y van a ser más intensas. Vienen acompañadas de episodios extremos de contaminación. A lo más que podemos aspirar es a reducir la severidad de los episodios”, explica. Las medidas adicionales por las que Ruiz opta son regulativas. “Hace falta un mejor uso del suelo. Este crecimiento urbano, porque no se puede llamar diseño urbano, condena a la ciudad a un transporte público ineficiente y a los ciudadanos a tener que usar el auto”, cree el experto.

La industria es otro de los contaminantes del cielo en el Valle de México. Aunque lanza al aire el 8% de los compuestos orgánicos volátiles (COV), precursores del ozono, Ruiz cree que desde la administración central hace falta una nueva normativa. “La Ciudad de México sí tiene una norma sobre la emisión de COV en la industria. La Federación ha fallado desde hace años en elaborar una norma para las emisiones de COV por la industria”, denuncia.

El candidato de Movimiento Ciudadano a gobernar la Ciudad de México, Salomón Chertorivski, ha defendido a capa y espada el cierre de la refinería de Tula, en Hidalgo, que abastece de combustible a pocos kilómetros a una central termoeléctrica. Ambas administradas por el Gobierno federal. “Tomando en cuenta el tamaño de la termoeléctrica y la potencia que genera, con cómo está la demanda de energía, cerrar Tula sería catastrófico” explica el experto. Las emisiones de esta industria, además, solo afectan al Valle de México cuando el aire sopla hacia el sur. “En la capital se nos olvida que tiene un impacto mucho mayor en Tula”, defiende Ruiz a los 115.000 habitantes de la ciudad hidalguense.

La nueva regulación para evitar las emisiones también se debe centrar en los más de dos millones de hogares del Valle de México. “Hay cuestiones normativas que avanzar. Por ejemplo, la norma sobre el contenido de los COV en productos de limpieza de consumo personal. Los mismos fregapisos que usamos para limpiar la casa con aromatizantes para que huela bonito, porque pensamos que si huele bonito está limpio. Entonces eso es más de mercadotecnia que de eficacia de los productos”, razona el doctor en fisicoquímica atmosférica.

Y no solo hacen falta imposiciones. También recomendaciones para que la población no se exponga al aire sucio. “En contingencia usar cubrebocas KN-95. En la pandemia con las recomendaciones mucha gente uso cubrebocas de manera voluntaria. En contingencia debe ser una recomendación. No te va a proteger mucho del ozono. Pero el ozono no viene solo, también hay partículas suspendidas”, explica Ruiz.

Más mediciones de aire

Beatriz Cárdenas es directora de calidad del aire en el World Resources Institute (WRI) y entre 2017 y 2018 fue directora de prevención y control de la contaminación urbana en la CAMe, la institución encargada de medir la calidad del aire en Ciudad de México y establecer medidas de protección. “Lo que se debe seguir haciendo es expandir la red de monitoreo a más puntos de la zona metropolitana. Parte de las decisiones que se toman o la evaluación sobre si la gente está expuesta a la contaminación salen de datos robustos”, explica. En el Valle de México la CAMe tiene instaladas 29 estaciones de monitoreo.

Una red más grande, con instrumentos especializados en medir mejor la calidad del aire, como los que Cárdenas recibió en 2017 del Centro Nacional de Supercomputación de Barcelona y que la CAMe usa en la actualidad, pueden ser claves en pleno cambio climático, que rompe muchas previsiones. “Otra herramienta que es valiosísima es el pronóstico de calidad del aire. Permite saber cuáles son las características específicas de cada evento y dictar las acciones que sean más efectivas y comunicar mejor”, considera Cárdenas.

En la megaurbe de Nueva Dehli, la ciudad de la India donde se estiman 30 millones de habitantes y considerada una de las más contaminadas del mundo, una red de monitoreo crea pronósticos que permiten saber con antelación cómo mejorará la calidad del aire si se restringen los vehículos. O cómo se evita la contaminación al parar la industria de forma previa. “Si tienes una herramienta poderosa y confiable como es un pronóstico, en lugar de avisar cuando se pasan los límites de la contingencia, puedes avisar a la gente antes de que pase”, explica Cárdenas.

Hasta el momento, estos pronósticos nada más se han tanteado. Los expertos en México hicieron una prueba con el Marron Institute, un prestigioso centro de desarrollo urbano de Nueva York, que permitía hacer pronósticos e índices de riegos para personas vulnerables a la mala calidad del aire. “Para estas personas el riesgo está incluso cuando no llegas a tener niveles altísimos de contaminación. El Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias lo probó con grupos de pacientes, niños y adolescentes y se dieron cuenta de que cuando avisas con tiempo a la población susceptible con una herramienta como esta puedes ayudarles a que reduzcan su exposición y, por ende, que no terminen en el hospital con sus condiciones crónicas exacerbadas”, define Cárdenas.

Por la mala calidad del aire en Ciudad de México mueren prematuramente entre 8.000 y 14.000 personas cada año, según la Organización Mundial de la Salud. Un problema que los gobiernos de todos los niveles deben afrontar en el próximo ciclo político. “Tiene que haber esa concientización. La gente tiene que acoger el tema de disminuir la contaminación como un problema personal, que le esta afectando. Y en eso yo creo que ninguna campaña ha sido exitosa”, opina la experta Graciela Benimelis.