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La transformación de una ‘influencer’ en candidata

Tras el fracaso de la carrera presidencial de Samuel García, su esposa se lanza por la alcaldía de Monterrey y pone a prueba su aplastante influencia en redes sociales

El ‘efecto Mariana’ ha sacudido Monterrey. Aquello que la esposa de Samuel García toca en redes sociales lo convierte en oro. “Sepa disculpar la tardanza en responder”, se lamentan las tiendas que Mariana Rodríguez recomendó o de las que tan solo habló y que no dan abasto con las solicitudes de los seguidores enardecidos. La megainfluencer de 28 años cosecha una popularidad en Twitter, Instagram o TikTok que cualquier candidato en México quisiera tener. Un poder virtual que en 2021 logró capitalizar en las urnas y llevar a su marido a la gubernatura de Nuevo León. Ahora Rodríguez quiere ser la candidata. Se ha lanzado por la alcaldía de Monterrey, luego del fracaso de la carrera presidencial de su marido, y pondrá a prueba nuevamente su influencia virtual y la capacidad de dar el golpe en las urnas.

Hace unas semanas, cuando García decidió ir por la candidatura presidencial de Movimiento Ciudadano, Rodríguez, que llevaba más de dos años sin hacer campaña, volvió a “descolgar los tenis”. Los mismos que popularizó entonces bajo la frase “fosfo, fosfo”, por su color naranja fosforescente y con los que recorrió las calles entonces promocionando a su pareja. Los ánimos se le aplacaron a principios de este mes, después de que su marido se bajara de la carrera por desacuerdos políticos, pero este viernes la influencer ha reafirmado en un video, vestida completamente de naranja, que está de vuelta. Y esta vez por ella misma.

La precandidata de Movimiento Ciudadano ha apostado por el ya conocido eslogan que usó García en su campaña, “hay que tumbar a la vieja política”, y por promover, en lugar de eso, a “la buena nueva”. Los dos años que el gobernador lleva en el poder han distado mucho de ser transgresores o muy diferentes de lo que había hasta su llegada. Y lo hecho por su esposa también. Lo novedoso, sin embargo, ha sido la forma en la que han abierto de par en par las puertas de sus vidas para enseñarlo todo. En esa apertura, Rodríguez ha logrado mostrarse cercana a la gente, sensible a lo que sucede en el país y ha tomado algunos temas, como la protección de los niños, de banderas que sirvieron para conquistar simpatías. A través de sus redes sociales ha dejado que la gente la vea supuestamente tal y como es y se ha aferrado a ser un símbolo de lo que se aspira a ser.

“Hola, chavacanos”, saluda Rodríguez a sus seguidores a diario, “aquí, la chavacana mayor”. La popularidad de la influencer tiene tal arrastre, que el día que García se bajó de su candidatura, ambos presentaron un video de campaña con una canción en la que venían trabajando para la carrera presidencial y la producción le daba sutilmente más protagonismo a la mujer que al gobernador. El video se ha reconvertido ahora en la música que acompaña la campaña de la influencer. “El pasado ya no funciona, lo nuevo emociona”, entona la pareja junto a una banda musical, vestidos también de naranja.

Si en algo acierta el lema “la buena nueva”, en referencia a ella misma, es en la nula experiencia política. Antes de meterse de lleno en la campaña de su esposo, Rodríguez había sido modelo, y vendía cosméticos y decenas de productos a través de promociones en su cuenta, ahora con tres millones y medio de seguidores. Cuando la tecnología llegó a las campañas políticas, ella tenía más conocimiento que nadie. Ningún político logró controlar las redes sociales como Rodríguez. Pese a que lo intentaron, con ridículos videos y fallidas estrategias. Hasta el momento la influencer norteña sigue siendo la que marca el paso en estas plataformas.

Las redes de Rodríguez han visto en los últimos días a la ahora candidata tomar un perfil con un tono más político. En unos vídeos compartidos por García este viernes se le escucha a él rogar para que le deje participar en su campaña. “Tengo fomo”, le dice en referencia a la expresión que nace del inglés y que significa miedo a quedarse fuera. Ella, sin embargo, insiste en que no puede hacer campaña por ser funcionario público. Entonces el gobernador le explica que habló con el abogado y está autorizado aunque solo después de las cinco de la tarde y sin usar logos del partido. Únicamente así acepta ella.

El cambio de tono es el primer paso en la transición de influencer a candidata. Como todos los aspirantes a un cargo elegido popularmente, Rodríguez deberá profundizar eventualmente en programas de gobierno, en propuestas efectivas para ofrecer a Monterrey. No le servirán en el escenario real los memes o videos con los que se sortea el día a día en las redes sociales, que serán a su vez fundamentales en la campaña.

La fórmula Mariana llegó a México en 2021 para transformar la forma de hacer campaña. El poder movilizador de las redes sociales demostró ese año que podía transformar los likes en votos. Desde entonces, los políticos han enfocado sus esfuerzos en conseguir costosos y enormes equipos dedicados a construir buenas imágenes en redes sociales. Incluso las candidatas presidenciales, Claudia Sheinbaum y Xóchitl Gálvez, buscan cada día una fórmula virtual que les rinda frutos. A Rodríguez le sale de manera casi natural, enciende la cámara y comienza el efecto. Ahora solo tiene que volver probar que esos millones de seguidores pueden poner a la política tradicional patas arriba.