¿Qué es el “people pleasing”? La obsesión por complacer a los demás que nos está arruinando la vida a todos

Con “People Pleasing” o Complacer a la gente nos referimos a la obsesión por complacer a los demás, lo que lleva a la anulación de la propia naturaleza de uno para obtener la aprobación de los demás y evitar algún posible rechazo. Un perfeccionismo laboral y una afabilidad relacional que muchos parecen sufrir, probablemente ligados a miedos atávicos como el del rechazo y el abandono. Los que sufren de people pleasing, de hecho, buscan una gratificación y validación externa continua y, si no la reciben, piensan que no valen nada; en el trabajo, por ejemplo, pueden ver exacerbado el síndrome del impostor, típico de los que creen tener más de lo que merecen.

Desempeñar cada día un papel que no nos pertenece o negar nuestras necesidades e ideas para cumplir con el favor externo es algo que puede causarnos un gran sufrimiento, sufrimiento que puede incluso manifestarse en síntomas físicos. Para muchos, los ataques de ansiedad suelen acechar al igual que síntomas más simples como el acné. Pero puede haber muchos síntomas de agradar a la gente, lo que lleva a alterar constantemente el comportamiento para ganarse el favor de los demás, y que a veces tiene su origen en historias de maltrato, abuso o devaluación sufridas en la familia o durante la infancia.

Aunque todavía no se han averiguado todas las causas, la psicóloga Roberta Martínez ha intentado dar una visión de esta tendencia en su libro El engañoso miedo a no tener éxito. “Subyace una profunda inseguridad de la persona respecto a su propia deseabilidad”, dijo Martínez en entrevista con México Pragmático, “y la premisa implícita de quienes albergan este temor es que si la persona se permitiera ser ella misma al máximo […], los demás no la querrían, ni la estimarían, ni la amarían”. Por ello, estas personas acaban tejiendo relaciones que parecen funcionar bien, pero que les suponen un gran cansancio y el temor de no poder abandonar nunca, si pena de impopularidad o incluso de abandono”. Martínez también afirmó que este trastorno es más frecuente -sobre todo en el ámbito relacional- en las mujeres, que tienen un comportamiento conciliador con sus parejas, condenándose muchas veces a una vida de pareja insatisfactoria.

En cambio, los hombres que sufren de people pleasing, siempre según Martínez, parecen experimentar el trastorno principalmente en el ámbito profesional, evitando las tareas de responsabilidad y delegando todo lo posible por miedo al fracaso y a la decepción, quedándose así encerrados en su propia zona de confort o, peor aún, sobrecargándose de trabajo y de compromisos onerosos con el riesgo de verse envueltos por el estrés y el burnout.

Pero la aprobación de los demás es algo con lo que todos tenemos que contar, especialmente hoy en día, cuando gracias a las redes sociales podemos y nos sentimos obligados a exponernos constantemente y a compartir contenidos, incluso con desconocidos. Aunque no podemos atribuir la causa de la complacencia de las personas a las redes sociales, sí podemos decir que acentúan el trastorno precisamente porque nos dan acceso a las gratificaciones del mundo exterior en cualquier momento del día. El riesgo de que nos volvamos adictos a ellos, cambiando nuestra apariencia, vida y personalidad para ser deseables y “populares”, es muy alto. No es raro que las noticias hablen de personas -sobre todo jóvenes- que han llegado a suicidarse por unos cuantos likes menos a uno de sus posts o fotos de Instagram.

Hace unos años, el cuerpo de Chloe Davison (EE. UU.), de 19 años, fue encontrado muerto por sus familiares; tras la tragedia, Jade, la hermana de la chica, declaró que Chloe se suicidó porque si no le gustaban sus fotos, no se sentía bien. Una adicción a las redes sociales que Jade describió así: “Chloe era el tipo de persona que cuando ponía una foto en Facebook pedía a toda la familia que le diera un like. O se sentaba conmigo y me preguntaba qué foto me parecía la mejor antes de publicarla. No creía que fuera lo suficientemente buena a menos que recibiera muchos likes y comentarios. De lo contrario, no se sentía aceptada”.

Ruby Seal, una joven británica de 15 años, también decidió quitarse la vida en 2017 por un motivo similar: estaba convencida de que los demás no la querían, así que se encerró en su mundo virtual y redujo drásticamente sus relaciones sociales. Esa fuerte necesidad de aprobación, combinada con el miedo y la certeza de ser rechazada por todo el mundo, la llevó a suicidarse cuando uno de sus posts no recibió el número de likes que esperaba. La madre de la niña había pedido un mayor control sobre el uso de las redes sociales por parte de los jóvenes, que son más vulnerables porque están pasando por una fase de estructuración y búsqueda de su propia identidad.

La tendencia a adaptar el propio comportamiento a las manifestaciones de aprecio de los demás puede llevar, en los casos más graves, a verdaderos estados de depresión y a gestos extremos, ya que las necesidades propias no son escuchadas, se interpreta un papel y se acaba aumentando la propia inseguridad. A veces, pues, complacer siempre a los demás tiene el efecto contrario, atrayendo a veces la antipatía y el juicio negativo si uno es demasiado dócil. Y es precisamente en estos casos cuando este trastorno puede llegar a ser peligroso no sólo para el que lo padece, sino también para los que le rodean. En efecto, hay que tener en cuenta que el “agradador de personas” no practica la bondad desinteresada, no hace el bien por el placer de hacerlo, sino porque sólo tiene un objetivo: agradar. Por lo tanto, actúa según la imagen que los demás le envían de sí mismo. Por lo tanto, si no obtiene la validación con un comportamiento dulce y condescendiente, también podría cambiar su estrategia y modificar su personalidad.

No hay que subestimar el gusto por la gente, pero hay que resolverlo con las medidas y herramientas adecuadas. No podemos poner constantemente la opinión de los demás en el centro de nuestra vida e interés. En cambio, deberíamos ahorrar toda esa energía que invertimos en buscar la alabanza de los que nos rodean y utilizarla para cuidar de nosotros mismos. Debemos dejar de creer que podemos complacer a todo el mundo y, sobre todo, creer que si podemos complacer a un gran número de personas, seremos felices y nos sentiremos realizados. Imponer límites en nuestras relaciones con los demás para que nadie se aproveche de nuestra disponibilidad es fundamental para no caer en la autovaloración y, además, nos ayuda a comprender que la alegría que recibimos al satisfacer nuestras necesidades siempre será mayor que la que experimentamos si complacemos a los demás sacrificándonos.