El Líbano está en bancarrota y los efectos de la crisis son incontables

Desde octubre del 2019, el ambiente financiero en el Líbano comenzó a deteriorarse, pues los bancos impusieron restricciones a sus clientes impidiendo la retirada y el ingreso de dinero en dólares sin ningún marco legal. Desde ese entonces, la moneda nacional ha perdido el 95% de su valor en el mercado negro en comparación al dólar, y la deuda pública está por encima del 150% del PIB nacional. El país ha estado experimentando un hundimiento económico, se estima que hoy en día el 80% de la población es pobre, y el aumento de los precios de los alimentos está alrededor del 500%. Este desastre económico, político y social ha devastado al país de una manera irreversible, y los responsables políticos y financieros no quieren asumir la responsabilidad.

La situación escaló tanto, que se estima que se han perdido alrededor de 72.000 millones de dólares de cuentas de ahorro de clientes de estos bancos, lo cual desencadenó una serie de atracos que obligó a los bancos del Líbano a cerrar sus puertas indefinidamente. La Asociación de Bancos de Líbano (ABL) dijo en un comunicado que: “Ante los ataques que sufren los bancos, todas las agencias bancarias del país cerrarán sus puertas y se centrarán por ahora en garantizar sus servicios a través de cajeros automáticos para particulares y el servicio de clientes para las empresas”.

 

¿Qué llevó al Líbano al borde del abismo?

El país que hace unos años era categorizado como el ‘Suiza’ del Medio Oriente está pasando una de las peores crisis registradas a nivel mundial desde mediados del siglo XIX según el Banco Mundial. Durante dos décadas, la libra libanesa estuvo vinculada al dólar con un precio fijo de 1.500, y podía ser intercambiada en bancos, cajeros e incluso supermercados. El flujo libre del dólar permitía a los bancos seguir financiando el gasto, pero la falta de un liderazgo competente y sin corrupción llevó a que el banco central tuviera más deudas que activos. El costo del servicio de la deuda del Líbano aumentó a alrededor de un tercio del gasto presupuestario, y cuando el estado necesitó controlar el gasto, los políticos derrocharon en un aumento salarial del sector público antes de las elecciones del 2018.

Además, los inversionistas extranjeros, al ver que el gobierno no estaba cumpliendo con las reformas propuestas, retuvieron miles de millones de dólares en ayuda que habían prometido. En octubre del 2019 la situación escaló debido a un plan para implementar impuestos a las llamadas de WhatsApp, y las calles del Líbano se inundaron de protestas masivas impulsadas por una juventud que exigía un cambio total. El bajo régimen fiscal del Líbano, sesgado a favor de los ricos, quería imponer una tarifa a la forma en que muchos libaneses se mantenía en contacto.

Las protestas causaron que el dólar saliera del Líbano, y los bancos ya no tenían suficientes dólares para pagar a los depositantes. Otro evento que afectó la situación general del país fue la explosión en Beirut de 2.750 toneladas de nitrato de amonio el 4 de agosto de 2020 que mató a 217 personas, hirió a 7.000, ocasionó el desplazamiento de 300.000 personas y causó una destrucción masiva en un radio de 20km. El gobierno ya estaba en quiebra, pero la explosión causó daños infraestructurales de alrededor de $15 billones de dólares.  La moneda colapsó, pasando de 1.500 por dólar antes del 2019, a una tasa de calle de alrededor de 23.000 a fines de enero de 2022.

El gobierno libanés solo suministra dos horas de electricidad al día, y los ciudadanos se quejan de que ya nada funciona, pues no cuentan con calefacción, luz ni frigoríferos. Los precios de los alimentos han aumentado, y familias enteras luchan por su supervivencia. La población depende de las empresas de energía privadas, pero estas se han aprovechado de la situación y sus precios se han disparado por la escasez de carburantes. Toda esta situación ha llevado a que, en el mes de septiembre del 2022, varios depositantes han comenzado a ‘saquear’ bancos para poder retirar su dinero a la fuerza, recurriendo al uso de armas y a la violencia.

El 16 de septiembre del 2022, al menos 7 asaltos tuvieron lugar en todo el Líbano. El primero ocurrió en el distrito de Ghazieh, donde un hombre entró al Byblos Bank con un arma militar, donde amenazó con quemar el edificio si no le entregaban su dinero. En Beirut, una mujer apoyada por un grupo de depositantes entró a una sucursal del Blom Bank y tomó como rehenes a los empleados y clientes.  Amenazó con quemarse si no le entregaban sus ahorros, pues los necesitaba para pagar el tratamiento de su hermana que padecía de cáncer. El incidente terminó después que ella lograra recibir 20.000 dólares, y la mujer no fue detenida. Estas tácticas fueron usadas por primera vez el 11 de agosto del 2022, luego que un hombre tomó durante varias horas una sucursal de un banco en Beirut, y se entregó a la policía después de haber recibido 30.000 dólares de sus ahorros para pagar el tratamiento de su padre enfermo.

El presidente del Líbano, Michel Aoun, firmó un decreto el pasado 30 de octubre del 2022 aceptando la dimisión del gobierno provisional, pero abandonó el palacio presidencial sin que hubiera un sucesor designado. Este decreto eliminó la posibilidad de que el primer ministro dirigiera el país de forma interina, y el parlamento libanés todavía no ha logrado acordar un gobierno. En resumidas cuentas, el país está atravesando la peor crisis económica, social y política con un vacío presidencial.