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La gran ofensiva de México para preservar su patrimonio cultural muestra sus resultados

Una exposición del Museo de la Cancillería muestra más de un centenar de piezas recuperadas gracias a un intenso trabajo de la diplomacia mexicana

¿Qué puede contener una valija diplomática? En el caso de México verdaderos tesoros.

El Museo de la Cancillería, habilitado en un antiguo convento del virreinato localizado en el centro histórico de la capital mexicana, ha montado una exposición que reúne por primera vez más de 150 piezas arqueológicas recuperadas del extranjero por un intenso trabajo de la diplomacia, muchas de ellas transportadas a través de las maletas diplomáticas de sedes localizadas en Estados Unidos, Alemania, Francia o Países Bajos.

Las joyas de un expolio que vuelven a territorio mexicano y que incluyen algunos objetos con miles de años de antigüedad. “Esto es solo una probadita, nada más un pedazo muy pequeño, de todo lo que se ha recuperado por distintas vías, porque estamos hablando que se han rescatado más o menos 15.000 piezas”, explica Rafael Toriz, director de Artes Visuales de la Cancillería de México.

El trabajo de Toriz y Rodrigo Fernández de Gortari, curador de la muestra, ha sido intenso y despertaría envidias en cualquier amante de la arqueología: estos dos hombres hurgaron en centenares de cajas que contienen las miles de piezas recuperadas de medio mundo, que han sido resguardadas en los almacenes de las instituciones culturales de México y bajo el celo de funcionarios que protegen este patrimonio.

Las obras cuentan con historias que podrían resultar inverosímiles, dignas de una novela detectivesca, como es el caso del llamado Portal del Inframundo, la que es sin duda la joya olmeca más buscada por las autoridades mexicanas, un monumental relieve robado en territorio mexicano hace más de 50 años. “Por más de cinco décadas, esta pieza fue buscada por el Estado mexicano, que en 2006 propuso ofrecer a los poseedores del tesoro arqueológico ‘una réplica de fibra de vidrio y un agradecimiento formal’, con el atento ruego de que la escultura de origen olmeca regresara a nuestro país”, ha explicado Jorge Islas López, cónsul general de México en Nueva York, en un libro que será publicado en marzo y que reúne la historia sobre la llamada “diplomacia cultural” de México.

Islas López narra que en 1934 cayó una tormenta en Chalcatzingo, Morelos, que dejó al descubierto una serie de obras labradas en piedra que los expertos nunca habían visto, entre ellas la joya olmeca. La pieza fue robada en los años 50 del pasado siglo y según uno de los testigos aquel expolio, citado por el diplomático, fue trasladada en trozos y vendida en Estados Unidos, en un embalaje que no despertara las sospechas de las autoridades de aduanas.

El también llamado Monstruo de la Tierra terminó en manos de una acaudalada familia estadounidense y la Cancillería de México cree que la obra se compró en su momento por 12,5 millones de dólares. El monumento, de 3.000 años de antigüedad y más de 1.000 kilogramos de peso, regresó al país después de largas gestiones con las autoridades estadounidenses y bajo la amenaza de procesar a sus dueños por tráfico ilegal. Al final, los coleccionistas la devolvieron y la reliquia se expone en la llamada Casa de Cortés, el palacio que el conquistador se hizo construir en Cuernavaca.

La exposición del Museo de la Cancillería abre simbólicamente con una valija diplomática como una manera de las autoridades de honrar el trabajo de decenas de diplomáticos para repatriar las obras robadas. Algunas también han sido entregadas de forma voluntaria por los coleccionistas al conocer que forman parte del patrimonio mexicano.

Entre las obras expuestas está la llamada Columnilla de Santa Rosa Xtampak, de Campeche, que se muestra en la caja de embalaje en la que fue recuperada. Los curadores explican en la exhibición que Xtampak significa en maya “muros viejos” y la obra de 26 kilos es un fragmento de una columna palaciega que muestra al Jaguar del Inframundo, un ser sobrenatural con que se representaba al sol. La obra fue entregada por un coleccionista austriaco en 2022. Otra de las reliquias es un relieve dedicado al culto a los muertos, llamado Tzompantli de Chichén Itzá, que náhualt significa “altar de cráneos”. En estas plataformas se colocaban picas en las que se ensartaban las cabezas de los enemigos y, según los curadores de la exposición, los arqueólogos han hallado más de 500 calaveras cinceladas en alto relieve en este tipo de tallas.

Entre las piezas recuperadas está también una pequeña cara esculpida en piedra, cuya propietaria ordenó fabricarle un engaste en forma de dos serpientes para portarla como un collar, una excentricidad, sin duda, pero tan exótica y preciosa que seguramente esta mujer la lucía con elegante orgullo.

Al observar la exposición el visitante puede sentir asombro al ver que gentes muy ricas pagaron un dineral por poseer obras expoliadas, que forman parte de un enorme patrimonio que aún no ha sido recuperado en su totalidad, joyas de México que siguen siendo subastadas en casas de remate en Nueva York o París, o que adornan los salones de millonarios al rededor del mundo. “La idea es que la gente conozca estas piezas que han regresado a su lugar de origen, porque todo el mundo sabe que están aquí por fotos en la prensa, pero no conocen el camino que tomaron y que forman parte de su propia historia”, dice Fernández de Gortari, el curador de la muestra.

México ha emprendido una gran ofensiva desde el frente político, diplomático y legal, que el Gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador ha convertido en su principal baza de política cultural exterior. La estrategia del Gobierno no está exenta de críticas, principalmente por el discurso incendiario del mandatario al acusar de saqueo a naciones europeas o movilizar a la controvertida Guardia Nacional para hacer un trabajo de recuperación de piezas prehispánicas.

Hasta ahora, la ofensiva ha tenido relevantes logros, como la recuperación de más de 15.000 piezas arqueológicas o la decisión de Ralph Lauren de retirar una colección de sacos que copiaban el tradicional sarape mexicano. “La diplomacia cultural es una estrategia que tiene la Cancillería para el rescate y la valoración de la cultura como un agente de poder político e incluso económico, para que México vuelva a tener estas piezas de un valor histórico tan grande”, explica Rafael Toriz. La exposición, llamada Un halo de esplendor, estará abierta hasta marzo y el visitante podrá disfrutar de la riqueza arqueológica mexicana y de la apasionante historia de un puñado de diplomáticos ensimismados en retornar al país sus joyas en una maleta diplomática.